Serie: Las Fiestas del Señor. (Punto de partida)
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Por qué la mayoría de los creyentes nunca celebramos las fiestas bíblicas que Dios mismo estableció?
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¿Son realmente fiestas “judías” o son del Señor, y por tanto para todos sus hijos?
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¿Qué hemos perdido al sustituir las fiestas de YHWH por celebraciones culturales y tradiciones humanas?
“Habla a los hijos de Israel y diles: Las fiestas solemnes de YHWH, las cuales proclamaréis como santas convocaciones, serán estas: mis fiestas.”
“Estas son sombra de lo que ha de venir; pero el cuerpo es de Cristo (el Mesías).”
Pasajes de Apoyo:
Moedim como citas divinas
Génesis 1:14; Levítico 23:1-44
Advertencia contra imitar fiestas paganas
Deuteronomio 12:29–32; Jeremías 10:2–4
Cumplimiento en Yeshúa (Jesús)
1 Corintios 5:7–8; Hechos 2:1–4; Juan 7:37–39
Restauración profética
Cuando pensamos en “fiestas bíblicas”, muchos imaginan prácticas exclusivamente judías, ceremonias antiguas o costumbres ajenas a la fe en el Mesías. Sin embargo, la Escritura es clara: no son fiestas del pueblo judío, sino fiestas del Señor (Levítico 23:2). Dios mismo las estableció como citas divinas (moedim), momentos señalados en el calendario donde Él cita a su pueblo para encontrarse con ellos.
El problema es que, al creer que la Ley ya no aplica para los creyentes, también dejamos de lado las fiestas. Con el tiempo, la Iglesia dejó de lado las fiestas del Señor, perdiendo así su riqueza profética. En lugar de ellas, se adoptaron celebraciones culturales y hasta paganas, justificándolas como si no pasara nada. Tal como hizo Jeroboam al cambiar el calendario (1 Reyes 12:32–33), se establecieron fiestas que nada tenían que ver con la Palabra.
Hoy muchos defienden con pasión tradiciones como la Navidad, argumentando que ahora “son para Jesús” o que “lo importante es predicar de Él”, aunque su origen haya sido idolátrico. Sin embargo, Dios ya advirtió:
“después de haberlas destruido cuídate de no seguir su ejemplo y caer en la trampa de inquirir acerca de sus dioses. No preguntes: «¿Cómo adoraban estas naciones a sus dioses, para que yo pueda hacer lo mismo?». No adorarás de esa manera al Señor tu Dios, porque al Señor le resulta abominable todo lo que ellos hacen para honrar a sus dioses. ¡Hasta queman a sus hijos e hijas en el fuego como sacrificios a sus dioses!”
Paradójicamente, como creyentes aceptamos con facilidad fiestas que Él no mandó, pero rechazamos con la misma vehemencia las que Él mismo estableció para su pueblo.
Las fiestas bíblicas son mucho más que tradiciones antiguas: son el mapa profético de la redención, revelan el plan de salvación cumplido en Yeshúa (Jesús) en las fiestas de primavera, y anuncian su regreso en las fiestas de otoño.
Las fiestas no son judías, son del Señor
La primera aclaración es fundamental: la Biblia nunca llama a estas celebraciones “fiestas judías”. En Levítico 23:2 dice literalmente: “Estas son las fiestas solemnes de YHWH… mis fiestas”. La palabra usada en hebreo es moedim (מֹעֲדִים), que significa tiempos señalados, citas, festival, momentos designados, fiesta, congregación.
En Génesis 1:14, cuando Dios crea las lumbreras del cielo, dice: “Sean para señales y para las estaciones (moedim)”. Este pasaje, no habla de las estaciones primavera, otoño, invierno, etc; habla, de citas divinas. Desde la creación, los astros fueron puestos no solo para marcar días y años, sino para marcar los tiempos de encuentro de Dios con su pueblo. No son invento humano, son parte del diseño original del Creador.
Celebrar estas fiestas no es “judaizar”, es responder a la cita de Dios. El Rey ya puso en su calendario los días donde espera encontrarse con nosotros. Ignorarlas es como despreciar una invitación personal de parte del Padre.
El plan profético en dos bloques
Las fiestas forman un mapa perfecto del plan de redención en Yeshúa. Se dividen en dos bloques que abarcan tanto su primera como su segunda venida.
Fiestas de primavera:
Pesaj (Pascua): Yeshúa es el Cordero ofrecido como sacrificio.
Jag HaMatzot (Panes sin Levadura): En su sepultura, durante la fiesta, el estaba sacando el pecado del mundo.
Bikkurim (Primicias): su resurrección como el primero de entre los muertos.
Shavuot (Pentecostés): el Espíritu Santo derramado sobre su pueblo.
Todas estas fiestas ya fueron cumplidas a la perfección en la primera venida del Mesías.
Fiestas de otoño:
Yom Teruá (Trompetas): apunta al regreso del Rey anunciado con voz de trompeta.
Yom Kippur (Expiación): anuncia el día del juicio y reconciliación final de Israel.
Sucot (Tabernáculos): el Reino de Dios establecido en plenitud, cuando Él habite con nosotros para siempre.
Estas fiestas aún aguardan cumplimiento, y nos preparan para lo que viene. Así como Yeshúa cumplió las de primavera con exactitud profética, cumplirá las de otoño en su segunda venida.
Cuando dejamos de lado las fiestas del Señor, perdemos entendimiento profético y comunión con Él en sus tiempos. Es como vivir desfasados del calendario de Dios.
Entender las fiestas es como tener en las manos el mapa de la redención. Cada fiesta (moed) nos revela no solo lo que Dios ya hizo en Yeshúa, sino también lo que está por venir.
El apóstol Pablo dijo: “Acerca de los tiempos y de las ocasiones (gr. kronoi kai kairói; heb. moedim), no tenéis necesidad de que os escriba… porque vosotros sabéis perfectamente que el día del Señor vendrá como ladrón en la noche. Mas vosotros, hermanos, no estáis en tinieblas… porque todos vosotros sois hijos de luz e hijos del día” (1 Tesalonicenses 5:1–5).
Pablo es claro: el mundo será sorprendido, pero los hijos de la luz conocen los tiempos proféticos de Dios. Aunque nadie sabe el día ni la hora exacta, las fiestas nos muestran las estaciones del plan divino, y nos preparan para no vivir desfasados del calendario del Señor. Por eso, ignorar las fiestas es caminar sin brújula espiritual. Pero abrazarlas es entrar en el ritmo profético del Creador y anticipar, con esperanza, lo que aún está por cumplirse.
Por esta razón, en las siguientes enseñanzas veremos cada fiesta a detalle para que podamos entender el propósito del Señor con sus fiestas y como alinearnos a sus tiempos.
Ignorar las fiestas es perdernos las citas divinas en la agenda de Dios.

En la próxima enseñanza veremos:
“Pesaj: el Cordero y la redención del pueblo”
Descubriremos cómo Yeshúa cumplió la Pascua bíblica de manera perfecta: su sangre como señal de salvación, su muerte como nuestro rescate, y su resurrección como primicia de una nueva vida.
¡No te lo pierdas… hasta la próxima!
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