El giro diplomático del gobierno Petro: una crítica al desconocimiento de la historia y la cooperación con Israel

Hoy escribo estas líneas movido por una convicción profunda: el Estado de Israel tiene el derecho inalienable de existir, de defender a su pueblo y de salvaguardar su soberanía frente a quienes buscan de manera irracional su destrucción. Esta no es solo una cuestión de geopolítica; es un asunto de justicia histórica y de defensa de los principios que sostienen a cualquier nación libre.

 

En los últimos años, especialmente después del 7 de octubre de 2023, he visto con preocupación cómo en Colombia se ha ido instalando de manera sutil un discurso oficial que no solo deslegitima a Israel, sino que alimenta un clima de hostilidad hacia el pueblo judío. La narrativa parcial y tendenciosa de nuestro actual gobierno ha contribuido a que, en ciertos sectores, crezca el antisemitismo, algo que de ninguna manera puede ser ignorado o normalizado.

 

Colombia e Israel han compartido décadas de amistad, cooperación y beneficios mutuos. Por ello, es muy triste ver cómo esa historia es minimizada y desechada; es alarmante cómo el liderazgo político actual parece dispuesto a romper de manera definitiva todo vínculo estratégico con esta nación amiga en favor de alianzas ideológicas con regímenes que abiertamente promueven la desaparición de Israel.

 

Este artículo busca recordar lo que hemos compartido como naciones, evidenciar lo que estamos perdiendo con estas decisiones y advertir sobre el rumbo que podría tomar nuestro país si persiste una política exterior marcada por prejuicios y alianzas peligrosas con las naciones equivocadas.

Antecedentes históricos y vínculos valiosos

Colombia e Israel sostuvieron desde mediados del siglo XX una relación sólida basada en cooperación militar, tecnológica, educativa y cultural. Los vínculos bilaterales se formalizaron en los años cincuenta y se reforzaron con el Acuerdo de Libre Comercio firmado en 2013, que impulsó exportaciones por más de USD 1 billón, incluyendo productos agrícolas, energía e inversiones conjuntas.

El País, “Petro y Colombia ante la guerra en Oriente Medio”, 23 junio 2025. Ver fuente.
World Jewish Congress, “Colombia and Israel: Friendship, values and interests”, 2023. Ver fuente.

Israel ha contribuido de manera tangible al desarrollo colombiano, especialmente en áreas críticas como el agua, la agricultura sostenible, la energía renovable y la formación académica:

  • Soluciones hídricas innovadoras: La embajada israelí inauguró en La Guajira dos plantas pequeñas para generar agua potable destinadas a comunidades sin acceso al recurso. Una emplea tecnología de desalinización y otra de purificación, adaptadas a contextos de escasez hídrica.
    World Jewish Congress, “Colombia and Israel: Friendship, values and interests”, 17 octubre 2023. Ver fuente.
  • Máquinas que hacen agua del aire: La empresa israelí Watergen instaló una unidad GEN-M en la región de Cúcuta, capaz de extraer hasta 800 litros de agua potable al día del aire ambiente, beneficiando comunidades aisladas sin acceso a agua limpia.
    CBN, “Israel makes water out of thin air for small Colombian community”, 24 octubre 2019. Ver fuente.
  • Transferencia tecnológica agrícola: A través de MASHAV y su programa CINADCO, expertos israelíes han realizado capacitaciones y misiones de asesoría en Colombia, promoviendo prácticas agrícolas sostenibles y eficientes en zonas vulnerables.
    MASHAV (Ministerio Agricultura de Israel), “MASHAV agricultural development cooperation”, 2024. Ver fuente.
  • Intercambios académicos y culturales: Miles de colombianos han sido beneficiarios de becas académicas en Israel en diversas disciplinas. Además, festivales culturales han integrado artistas colombianos (como Juanes y Carlos Vives, entre otros), fortaleciendo el diálogo artístico entre ambas naciones.
    World Jewish Congress, “Colombia and Israel: Friendship, values and interests”, 17 octubre 2023. Ver fuente

La comunidad judía colombiana aporta historia y diversidad cultural al país; desde sus raíces criptojudías (judíos forzados a convertirse al cristianismo pero que seguían su fe en secreto) en la época colonial, pasando por oleadas migratorias en el siglo XX, hasta consolidarse como motor intelectual y empresarial en ciudades como Bogotá y Barranquilla.

Un cambio peligroso en la política exterior

El 1 de mayo de 2024, el presidente Gustavo Petro anunció la ruptura de relaciones diplomáticas con Israel en protesta por la guerra en Gaza, calificando las acciones israelíes como “genocidio” y, en varias ocasiones, incluso comparando a Israel con los nazis. Estos términos, además de ser profundamente ofensivos para el pueblo judío al evocar el Holocausto, resultan inexactos desde el punto de vista histórico y jurídico.

The Jerusalem Post, “Colombia cuts diplomatic ties with Israel over Gaza war”, 1 mayo 2024. Ver fuente.

 

El concepto de genocidio implica el asesinato sistemático de personas por pertenecer a un grupo étnico, religioso o nacional específico. La realidad del conflicto en Gaza no responde a esa definición: Israel no busca eliminar a los palestinos por su origen, sino neutralizar a un grupo terrorista —Hamas— cuya ideología y objetivos incluyen explícitamente la desaparición del Estado de Israel y del pueblo judío.

 

Ahora bien, es innegable que la guerra en Gaza ha traído un costo humano devastador. Miles de familias palestinas han perdido seres queridos, hogares y medios de vida. Entre las víctimas hay niños, mujeres y ancianos que nada tienen que ver con las decisiones políticas o las acciones militares de Hamas. La destrucción de infraestructura básica y la crisis humanitaria que se vive en la región nos llaman a todos —más allá de posturas ideológicas— a lamentar profundamente cada vida inocente perdida y a trabajar para que el fin del terrorismo no signifique la prolongación del sufrimiento civil.

 

Al mismo tiempo, no podemos ignorar la tragedia vivida en Israel. El ataque del 7 de octubre y los posteriores enfrentamientos han dejado cientos de soldados y civiles muertos, además de comunidades enteras desplazadas, personas secuestradas y familias rotas por el terror. Entre las víctimas israelíes también hay niños, ancianos y ciudadanos de diversas nacionalidades, cuya única “culpa” fue vivir en una nación cuyo derecho a existir está constantemente amenazado.

 

Este panorama humanitario, que refleja dolor en ambos lados, contrasta con el uso político de términos como “genocidio” o “nazi” no solo desvirtúa el debate público, sino que trivializa crímenes históricos y alimenta narrativas que incrementan el antisemitismo. Esta decisión tuvo consecuencias inmediatas: Colombia inició la compra de cazas suecos Gripen para reemplazar sus aviones israelíes Kfir, cuyo mantenimiento ya estaba afectado por la crisis diplomática entre ambas naciones.

AP News, “Colombia turns to Swedish jets after rift with Israel”, 15 mayo 2024. Ver fuente.

 

Paralelamente, el gobierno ha puesto un fuerte énfasis en fortalecer lazos con el mundo árabe, promoviendo una política exterior multicultural. Petro reivindica la huella histórica de las comunidades colombo-árabes en el Estado al designar figuras de origen palestino o libanés en puestos clave del gabinete y la diplomacia —como Susana Muhamad, Yannai Kadamani, Mauricio Jaramillo Jassir, Rayan Barkachi y Odette Yidi—, enviando mensajes simbólicos de afinidad cultural y geopolítica.

El País, “Petro reivindica la huella árabe en Colombia con cargos en el Gobierno y la diplomacia”, 6 marzo 2025. Ver fuente.

 

Este giro incluyó el polémico nombramiento del autoproclamado rabino Richard Gamboa Ben-Eleazar como director de Asuntos Religiosos del Ministerio del Interior. Gamboa ha sido rechazado por la comunidad judía colombiana y tildado de falso rabino antisemita por instituciones como el Centro Simón Wiesenthal, debido a su origen cuestionado, su retórica anti-sionista (que tacha a Israel de “Estado nazi”) y sus vínculos con representantes iraníes.

The Times of Israel, “Colombia taps anti-Zionist, unrecognized ‘rabbi’ as director of religious affairs”, 10 abril 2025. Ver fuente.

Simon Wiesenthal Center, “President Petro appoints fake antisemitic rabbi as Director of Religious Affairs”, 4 abril 2025. Ver fuente.

 

Esta reorientación también se reflejó en el ámbito multilateral. En julio de 2025, Colombia fue sede de la primera cumbre ministerial de emergencia del Grupo de La Haya sobre Palestina, coorganizada con Sudáfrica y respaldada por más de 30 países. El evento adoptó seis medidas concretas, incluyendo un embargo de armas, la revisión de contratos públicos para evitar apoyo a la ocupación israelí y el respaldo a investigaciones por crímenes internacionales bajo el principio de jurisdicción universal.

El País, “Colombia acoge primera cumbre del Grupo de La Haya para acciones contra Israel”, 15 julio 2025. Ver fuente.

 

En esa conferencia, la relatora especial de la ONU, Francesca Albanese, instó a todos los países a suspender cualquier vínculo diplomático, militar y económico con Israel, afirmando que mantener dichas relaciones constituye complicidad con las graves violaciones de derechos humanos que, a su juicio, comete el Estado israelí. Este llamado, dirigido a la comunidad internacional, buscó aislar política y económicamente a Israel.

Reuters, “UN rapporteur from Colombia urges states to cut ties with Israel”, 15 julio 2025. Ver fuente.

 

No obstante, este acercamiento a causas y gobiernos árabes —incluyendo posiciones alineadas con facciones islamistas extremistas— genera una paradoja: muchas de estas alianzas chocan con agendas internas de la izquierda latinoamericana, como la defensa de derechos LGBTQ+, la legalización del aborto, el feminismo progresista o la libertad religiosa; temas que en regímenes islámicos conservadores son perseguidos o penalizados.

 

Colombia no es un caso aislado. Gobiernos ideológicamente afines, como Venezuela, han estrechado lazos con Irán, incluso mediante acuerdos sensibles como el intercambio de uranio y cooperación tecnológica con posibles aplicaciones militares, lo que ha despertado preocupación internacional.

Reuters, “Venezuela-Iran cooperation raises nuclear concerns”, marzo 2023. Ver fuente.

 

En el escenario internacional, especialmente en la ONU y sus comités, se observa un bloque creciente de países que combinan gobiernos de izquierda latinoamericanos con regímenes árabes e islámicos, coordinando votos y resoluciones contra Israel. Esta convergencia, más política que ideológica, se sustenta en narrativas antioccidentales, antiimperialistas y en una visión común de oposición a EE.UU. y sus aliados, donde Israel se convierte en blanco preferido.

El peso simbólico de ignorar la historia

Colombia ha sido refugio para comunidades judías en diferentes épocas: desde los conversos que llegaron durante la colonia huyendo de la Inquisición, hasta los inmigrantes asquenazíes y sefardíes que llegaron a los puertos del país en el siglo XX, escapando de la persecución en Europa y Medio Oriente. Estas comunidades no solo encontraron un lugar seguro donde rehacer sus vidas, sino que también dejaron una huella profunda en la vida económica, cultural y académica del país.

 

En ciudades como Barranquilla, Bogotá, Cali y Medellín, las familias judías fundaron instituciones que hoy forman parte de la sociedad colombiana:

  • Colegios y centros educativos como el Colegio Colombo Hebreo de Bogotá o el Colegio Hebreo Unión de Barranquilla, que han formado generaciones de profesionales con un alto nivel académico y un fuerte sentido de responsabilidad social.

  • Cementerios y sinagogas, símbolos de libertad religiosa y tolerancia, que han sido espacios no solo de culto, sino de encuentro intercultural.

  • Empresas y comercios pioneros, especialmente en el sector textil, joyero, farmacéutico y de importaciones, que contribuyeron al desarrollo industrial y comercial de varias regiones.

  • Aporte académico y cultural: destacados médicos, científicos, artistas, ingenieros y docentes de origen judío han fortalecido universidades, hospitales y proyectos culturales a lo largo del país.

Ignorar este legado para privilegiar una narrativa política coyuntural, particularmente una que rompe relaciones con el Estado de Israel y alimenta prejuicios contra la comunidad judía, no solo es un acto de injusticia histórica, sino que pone en riesgo la unidad nacional. Significa desconocer que la riqueza cultural colombiana se ha construido también gracias a la integración de estas comunidades, que han demostrado ser aliadas constantes en momentos de crisis y en el progreso de la nación.

Un llamado al balance

La postura del presidente Petro tiene razones que él presenta como morales, como la defensa de los derechos humanos. Sin embargo, al romper vínculos con Israel e impulsar exclusivamente una narrativa pro-palestina, el gobierno se aparta de una política exterior equilibrada, pragmática y enfocada en el interés nacional.

Más preocupante aún es que, frente al ataque del 7 de octubre perpetrado por el grupo terrorista Hamas, que dejó más de mil civiles israelíes asesinados en sus hogares, en las calles y en un festival de música, el presidente Gustavo Petro no emitió condena alguna. Ese silencio no es neutralidad; es una señal de parcialidad política que debilita la credibilidad de Colombia como mediador imparcial y como defensor coherente de los derechos humanos.

 

Es momento de recordar que Israel no es solamente un aliado estratégico, sino un ejemplo de resiliencia, innovación y progreso que ha beneficiado al mundo y a Colombia en áreas como la seguridad, la ciencia, la medicina, la agricultura y la gestión del agua. Nuestro país ha recibido de Israel conocimientos y tecnologías que han mejorado vidas, generado empleos y potenciado nuestro desarrollo.

 

Pero más allá de lo material, apoyar a Israel significa también defender valores universales. Israel es considerada la única democracia plena y funcional en Medio Oriente, un faro de libertad en una región marcada por regímenes autoritarios y conflictos interminables. Allí conviven judíos, cristianos, musulmanes, drusos y otras comunidades que gozan de libertad religiosa. Además, se reconoce la dignidad de la mujer y la diversidad social en un grado inexistente en sus países vecinos. Respaldar a Israel es, por lo tanto, respaldar la democracia, la paz y la posibilidad de un futuro más justo en esa región del planeta.

 

Por ello, hago un llamado respetuoso pero firme al gobierno colombiano para que reconsidere su postura y restablezca relaciones diplomáticas plenas con la nación de Israel. No se trata de renunciar a la empatía por las víctimas palestinas ni de ignorar los costos humanos de la guerra, sino de reconocer que aislar a Israel es renunciar a un socio que ha demostrado ser confiable, visionario y solidario.

 

Apostar por el diálogo, la cooperación y el respeto mutuo es apostar por un futuro en el que Colombia pueda ser un puente entre naciones, no un muro que las divide.

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