Dios de Imposibles

Una Reflexión para momentos difíciles

“Da clic aquí, para ver la cita completa”                                               Juan 11:1-44 

En la vida, enfrentamos situaciones que parecen insuperables: problemas de salud, dificultades financieras, rupturas familiares, pérdida de seres queridos. Sin embargo, hay un mensaje poderoso que nos recuerda que, aun en medio de la adversidad, podemos encontrar esperanza. Hoy quiero compartir contigo la historia de una familia muy cercana a Jesús (Yeshua) y cómo su experiencia nos enseña sobre el amor y el poder transformador de Dios. 

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Una Familia Cercana a Yeshúa (Jesús)

La Biblia nos narra la historia de Marta, María y Lázaro, tres hermanos que vivían en Betania y que eran amigos cercanos de Yeshúa (Jesús). Marta era conocida por su dedicación al servicio, mientras que María prefería sentarse a los pies del Maestro para escucharlo. De Lázaro sabemos que era muy amado por Jesús (Yeshua). Pero un día, la tragedia tocó a la puerta: Lázaro enfermó gravemente. 


Preocupadas, Marta y María enviaron un mensaje a Yeshúa: “Señor, tu amigo está muy enfermo”. Sin embargo, Él no acudió de inmediato. Pasaron dos días antes de que decidiera ir a Betania, y para cuando llegó, Lázaro ya llevaba cuatro días muerto. A pesar del dolor, Yeshúa le aseguró a Martha: “Si crees, verás la gloria de Dios“. En un acto asombroso, Yeshúa llamó a Lázaro fuera de la tumba, regresándolo a la vida.


Esta historia está llena de enseñanzas que podemos aplicar a nuestras vidas, y nos deja las siguientes lecciones:

1 - La cercanía a Dios no necesariamente nos evita pasar por dificultades:

Aunque Marta, María y Lázaro tenían una relación cercana con Jesús (Yeshua), eso no les impidió enfrentar el dolor de la enfermedad y la muerte. De igual manera, nuestra fe no elimina los problemas, pero nos da la certeza de que no lo enfrentaremos solos, tal como se nos promete en el libro de Juan.

“Yo les he dicho estas cosas para que en mi hallen paz. En este mundo afrontarán aflicciones, pero ¡anímense!, Yo he vencido al mundo” (NVI ’15).
Juan 16:33

La promesa no dice: “Confiad en mí, para que no tengan aflicciones” la promesa se centra en que confiemos en que aunque pasemos por tristezas y aflicción, él nos 
permite gozar de la victoria que conquistó sobre el mundo. 

Los momentos de aflicción son como caminar por un desierto caluroso en soledad, muchas veces sin esperanza de encontrar agua, tiempos usados por el señor para tratar con nosotros, hablar a nuestras vidas y
transformar nuestro corazón.

 “Y te acordarás de todo el camino por donde te ha traído el señor tu Dios estos cuarenta años en el desierto, para afligirte, para probarte, para saber lo que había en tu
corazón, si habías de guardar o no sus mandamientos.” (Dt 8:2).  o también como dice Oseas 2:14 “Pero después te volveré a conquistar; te llevaré al desierto y allí te hablaré tiernamente” .

Con todo esto, al refugiarnos en el señor tenemos la certeza que el nos guarda y nos pastorea aun en esos momentos difíciles como dice el Salmo 23:2 “En lugares de delicados pastos me hará descansar; junto a aguas de reposo me pastoreará.” . Así como lo hizo con José hijo de Jacob, El señor estuvo con él cuando fue arrojado al pozo, cuando fue vendido como esclavo, cuando fue acusado injustamente de tratar de abusar de la esposa de Potifar y enviado a la cárcel, en todo tiempo estuvo con él y ese proceso lo llevo a ser el gobernador de la nación más poderosa de la tierra en aquella época. 

Cuando descansas totalmente
en la gracia de Dios,
entendiendo que todo tiene un
propósito para tu crecimiento y
vida espiritual. Verás que Él no siempre
te quita tus problemas; sino que te da la fuerza para que
estos ya no tengan el
poder de alejarte de Él y de su propósito contigo.

2 – El tiempo de Dios es perfecto:

Yeshúa no acudió inmediatamente a darle auxilio a esta familia, esto no significa falta de amor o falta de preocupación por su amigo Lázaro, sino porque había un plan mayor, mostrar el poder de Dios incluso sobre la muerte. A veces, sentimos que nuestras oraciones no son respondidas de inmediato, creemos que el señor no se preocupa por nuestras necesidades e incluso que nos da la espalda y se aleja de nosotros, pero si a algo debemos aferrarnos es que Dios actúa en el momento justo para revelar su gloria.

“Todo lo hizo hermoso en su tiempo; y ha puesto eternidad en el corazón de ellos, sin que alcance el hombre a entender la obra que ha hecho Dios desde el principio hasta el fin.”
Eclesiastés 3:11

La Biblia esta llena de historias que demuestran que los planes y tiempos de Dios son perfectos, un ejemplo de ello es el nacimiento de Isaac. Dios prometió a Abraham y Sara que tendrían un hijo, aunque ambos eran ancianos y además, Sara era estéril. Después de años de espera, cuando Abraham tenía 100 años, Sara dio a luz a Isaac, algo que parecía imposible; sin embargo, Dios cumplió lo que había prometido en Su tiempo perfecto, lo cual nos enseña que los retrasos no son necesariamente una negación, sino mas bien una preparación para el cumplimiento de su plan con nosotros.

3 – Dios comprende nuestro dolor:

Cuando Jesús (Yeshua) vio a María llorando, se conmovió profundamente y lloró con ella. Esto nos recuerda que Dios no es indiferente a nuestro sufrimiento; Él camina con nosotros en medio de nuestras luchas. Soy padre de dos hermosos hijos, y cuando ellos se enferman, se lastiman, tienen un mal día en el colegio o se sienten temerosos en la noche, nunca les doy la espalda. Como padre, mi corazón se duele con ellos; no puedo ser indiferente a su sufrimiento.

 

Si lloran, trato de consolarlos; si tienen miedo, busco ser su refugio; y si enfrentan desafíos, me esfuerzo por caminar junto a ellos y darles la fuerza que necesitan. No importa lo que ocurra, siempre estoy allí, dispuesto a protegerlos, guiarlos y asegurarles que no están solos.

Si como padres humanos, con nuestras limitaciones y errores, sentimos tan profundamente el dolor de nuestros hijos y hacemos todo lo posible para ayudarlos, ¿cuánto más lo hace Dios, nuestro Padre celestial, con cada uno de nosotros? Él no es ajeno a nuestras luchas, nuestras lágrimas o nuestros temores. En medio de las dificultades, su amor es aún más evidente, porque nos sostiene, nos guía y nos recuerda que nunca estamos solos. Dios nos ama con una perfección que trasciende nuestra comprensión, y su presencia siempre está con nosotros, incluso en los momentos más oscuros. 

4 – Debemos quitar las piedras que nos bloquean:

Antes de resucitar a Lázaro, Yeshúa dio una instrucción clara: “Quiten la piedra” (Juan11:39). Aquella piedra era el obstáculo físico que bloqueaba la entrada a la tumba, pero también simbolizaba algo más profundo: las barreras que impiden que podamos experimentar plenamente el poder y los milagros de Dios en nuestras vidas. Para Marta y María, esa piedra representaba su incredulidad, su dolor y su limitada

comprensión del poder de Yeshúa. Ellas habían visto a su hermano morir y, aunque creían en Yeshúa como su amigo, maestro y Señor, sus corazones aún dudaban que él pudiera revertir lo irreversible: la muerte.

 

Esa piedra no solo bloqueaba la entrada a la tumba, sino también el camino hacia su fe plena y el milagro que estaba a punto de ocurrir. Yeshúa no les pidió que movieran la piedra porque Él necesitara ayuda para realizar el milagro. Él podría haber movido la piedra con solo una palabra. Pero quiso que ellas dieran un paso de obediencia, fe y confianza, participando en el proceso para que pudieran presenciar el poder de Dios en toda su magnitud.

Hoy, en nuestras vidas, también existen “piedras” incluso “muros” que bloquean el camino hacia los milagros que Dios quiere hacer en nosotros. Esas piedras pueden ser la incredulidad, que nos hace dudar de que Dios puede cambiar nuestra situación; el orgullo, que nos impide pedir ayuda o reconocer nuestra necesidad; el pecado, que endurece nuestro corazón; o la falta de perdón, que nos ata al pasado y nos impide avanzar. Cada una de estas barreras actúa como un peso que nos mantiene alejados de experimentar la plenitud del poder de Dios.

 

La pregunta es: ¿Qué piedra necesitas mover hoy? Yeshúa nos llama, como lo hizo con Marta y María, a actuar en fe y remover aquello que nos separa de ver Su gloria. Él está dispuesto a obrar en nuestras vidas, pero nos pide que demos el primer paso, que enfrentemos lo que nos paraliza y permitamos que Él haga lo imposible. 

 

Si somos capaces de confiar en Su palabra y obedecer, entonces, como Marta y María, podremos ver cómo la muerte se convierte en vida, cómo lo que parecía perdido es restaurado, y cómo el poder de Dios transforma nuestras vidas para siempre.

5 – Entender que tenemos una vida temporal pero con la esperanza de una eternidad en perfección:

A veces, Dios dice “no” a nuestras oraciones, no porque nos ame menos, sino porque tiene un propósito mayor que no alcanzamos a comprender. En 2 Corintios 12:7-9, Pablo le pidió a Dios en tres oportunidades que le quitara “el aguijón en la carne“, a lo que Dios respondió: “Bástate mi gracia; porque mi poder se perfecciona en la debilidad.” Aunque Pablo no recibió lo que pedía, obtuvo algo más grande, una comprensión más profunda de la gracia y el poder de Dios en medio de su debilidad. Como Pablo, podemos aprender que su gracia es suficiente en nuestra debilidad. 


En Mateo 26:39, vemos a Yeshúa orando en el jardín de Getsemaní, pidiendo a Dios que apartara de Él la copa del sufrimiento, pero diciendo: “No sea como yo quiero, sino como tú.“ Dios no le quitó el sufrimiento que estaba por venir, pero lo fortaleció para cumplir su propósito de redención. Esta es una lección crucial, a veces, aunque Dios no nos quite el sufrimiento, nos da la fuerza para enfrentarlo y cumplir Su voluntad.


Por otro lado, Moisés, quien rogó a Dios que le permitiera cruzar el Jordán y entrar en la Tierra Prometida (Deuteronomio 3:23-27), podemos ver que aunque nuestros deseos sean buenos, a veces Dios nos dice “no” porque Su plan trasciende nuestras

expectativas.

“Conforme a la fe murieron todos estos sin haber recibido lo prometido, sino mirándolo de lejos, y creyéndolo, y saludándolo, y confesando que eran extranjeros y peregrinos sobre la tierra. Porque los que esto dicen, claramente dan a entender que buscan una patria; pues si hubiesen estado pensando en aquella de donde salieron, ciertamente tenían tiempo de volver. Pero anhelaban una mejor, esto es, celestial; por lo cual Dios no se avergüenza de llamarse Dios de ellos; porque les ha preparado una ciudad.”
Hebreos 11:13-15

Moisés aceptó el “No” de Dios, comprendiendo que, aunque él no podría entrar a la tierra que el Señor había prometido, su misión y propósito en esta vida era guiar al pueblo hacia la libertad, tanto física como espiritual. Entendió, que por medio de él, se entregaría la instrucción (Torá) de Dios para que el naciente pueblo o nación de Israel fuese un pueblo escogido, santo y apartado para el Dios único y verdadero.

Moisés logró fijar su mirada más allá de esta vida, como dice Hebreos 11:13-15 entendiendo que la verdadera tierra prometida era la celestial y que en esta vida solo era un peregrino y extranjero. De este modo, todos nosotros debemos recordar que la vida en este mundo es temporal y que los sufrimientos que enfrentamos aquí son pasajeros, tal como dice la Escritura, “las aflicciones del tiempo presente no son comparables con la gloria venidera que en nosotros ha de manifestarse” (Romanos 8:18). Cada “no” de Dios está envuelto en su sabiduría perfecta, y aunque puede que no entendamos todo, podemos confiar en que Él tiene algo mucho mejor preparado para nosotros, tanto en esta vida como en la eternidad.

 

Aférrate a la certeza que en la eternidad, no habrá lágrimas, ni dolor, ni muerte; todas las cosas serán restauradas (Apocalipsis 21:3-5). Cada “no” de Dios en esta vida debe recordarnos que Él está preparando algo mucho mejor para nosotros en la vida eterna: una recompensa que supera cualquier cosa que podamos imaginar. Su propósito no es solo aliviar nuestro dolor temporal, sino llevarnos a una gloria eterna donde su amor, paz y justicia serán perfectas y completas. Por eso, confiamos en que incluso en nuestras pruebas y en los “no” que enfrentamos, Dios está obrando para nuestro bien y para su gloria eterna. 

Un Dios de Amor y Poder

No importa cuán imposible parezca tu situación. Tal vez enfrentas un matrimonio roto, una enfermedad terminal o una crisis financiera que parece no tener solución. Pero recuerda las palabras de Yeshúa: “¿No te dije que si crees, verás la gloria de Dios?”. Su amor es eterno e inquebrantable. Él tiene el poder de transformar lo que está muerto en vida. Al igual que Lázaro, hoy Yeshúa puede llamar a tu situación y darle nueva vida. Solo necesitas creer, mover las piedras que te detienen y permitir que Su poder actúe en tu vida. 

Una Invitación Personal

Si esta es la primera vez que escuchas un mensaje como este, quiero invitarte a acercarte a Jesús, a Yeshúa (su nombre hebreo) a entregarle tu vida. A pesar de dónde estés o cómo te sientas. Él está esperando con los brazos abiertos para caminar contigo y transformar tu vida.


Cree, confía y prepárate para ver Su gloria en acción. Que este mensaje te inspire y te dé esperanza. Si tienes alguna reflexión o experiencia que quieras compartir, estaré encantado de leerla en los comentarios. 


¡Dios te bendiga y hasta la próxima!

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1 Comment

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